The following article was prepared for and appeared in the Latin American media in response to requests for an explanation of the Occupy Wall Street phenomenon and for models of democratic modes of organizing of social movements.
El Nuevo Traje del Emperador
El Movimiento de Ocupación de Wall Street Transforma el Discurso Norteamericano
por Steve Hellinger*
La tarde del sábado, 17 de septiembre, mi compañera y yo, que por casualidad estábamos en Nueva York ese fin de semana, seguimos a un pequeño grupo de gente por el tranquilo centro hacia Wall Street. Habíamos oído que una prolongada protesta se había planeado contra los abusos y el poder político del sector financiero del país. Dado el extendido daño económico producido por los tres años de la crisis financiera, el fracaso del sistema político de hacer responsables a sus causantes, y la virtual ausencia de alguna disidencia significativa organizada de la ciudadanía, queríamos estar presentes para ser testigos y participar en cualquier cosa que se desarrollara.
Cuando llegamos al Parque Zuccotti (en realidad una plaza en la cuadra que fue nombrada por el dueño de la compañía a la que la ciudad había dado el control del parque), encontramos varios centenares de gente reunida, protestando y escuchando discursos. También encontramos que la cercana Wall Street, donde está localizada la bolsa de valores, estaba rodeada por vallas policiales, así como también una plaza que había sido la primera opción para la protesta y ocupación.
No nos habíamos dado cuenta que varias semanas de planificación y organización habían precedido el movimiento para establecer una base de protesta y acción directa, pero comprendimos que algo diferente y significativo estaba ocurriendo. Había presente gente de distintas edades y distintos grupos sociales, educacionales y laborales que, después de tres años de Obamamanía, estaba entusiasmada por haber encontrado una masa de conciudadanos norteamericanos preparados a desafiar la real fuente de poder en Estados Unidos — la media docena de bancos más grande del país — y dispuestos a quedarse hasta lograr sus propósitos.
Barak Obama, una persona de color que habla un lenguaje progresista, había sido el candidato perfecto para los agentes financistas y corporativos del país que financiaron su campaña para la presidencia — apoyo que llegó a la cumbre con un número sin precedente de pequeñas contribuciones por medio del Internet y por trabajo voluntario de una masa de jóvenes desilusionados de la política de EEUU, particularmente en la era de Bush. Muchos de ellos pronto vieron su fe en Obama traicionada por su negativa a hacer a los bancos responsables por sus crímenes y manipulaciones mientras continuaba rescatandoles. Pero les llevó más tiempo a otra gente, de todas las edades, aceptar la realidad de que Obama, con su equipo neoliberal, en gran parte de la Administración de Clinton, era parte del problema que el pais enfrenta, no su solución.
En un principio los medios de comunicación principales ignoraron la Ocupación de Wall Street (OWS), los discursos de sus participantes y su presencia nocturna. A los pocos días, sin embargo, el interés en la ocupación que se estaba filtrando en Nueva York y en todo el país, obligó a los medios de comunicación a cambiar de rumbo. No solo Fox News del ala derecha sino también medios de comunicación liberales como The New York Times comenzaron a ridiculizar a los ocupantes, buscando entrevistar a los que no saben expresarse para probar la ignorancia general del grupo. Pero el país no quería saber nada de eso. Parques y plazas en muchísimas otras ciudades fueron rápidamente tomados por gente igualmente perturbada por la pérdida casi total del control del gobierno a favor de las corporaciones, mientras la mayoría de los norteamericanos expresaron en encuestas su apoyo a los ocupantes.
A las dos semanas de la ocupación del Parque Zuccotti, The New York Times publicó un editorial apoyándola. Cuando el movimiento tuvo apenas un mes, habían ocupaciones y movimientos en cientos de otras ciudades y pueblos en todo el país. Este desafío al control del gobierno por corporaciones se había convertido en un movimiento nacional — una evolución increíble que incluye la promesa de una transformación nacional social, económica y política.
¿A qué se debe este fenómeno? Gran parte del crédito se le debe dar a una pequeña revista canadiense que convocó a la ocupación original y a los que tuvieron visión y trabajaron intensamente durante el verano estadounidense para manifestarse de esta manera democrática y participativa. Pero ellos mismos dicen que la clave está en el momento. El país estaba listo para ello.
Lo que no fue reconocido por muchos en países extranjeros que siempre han considerado los Estados Unidos como la tierra de la abundancia — tampoco por muchos en Washington – es que decenas de millones de norteamericanos estaban ya viviendo sin ahorros y con sus tarjetas de crédito mucho antes de la caída financiera del 2008. Muchos, especialmente latinos y negros, fueron inducidos por bancos mediante tácticas engañadoras, a comprar casas que estaban más allá de sus presupuestos. Aún más deudas se fueron acumulando en la forma de préstamos a millones de estudiantes que no podían afrontar los crecientes costos de una educación universitaria. Con la caída de salarios y el empleo, debido especialmente a la fuga de empleos al extranjero a economías con menores y decrecientes salarios facilitados por la negociación de acuerdos de inversión y comercio liberalizados y por políticas impuestas en el extranjero por las instituciones financieras internacionales, muchos norteamericanos no podían ya pagar sus préstamos. Esto provocó una reacción en cadena a través del extraño nuevo mundo de capital especulativo no regularizado que mandó grandes bancos y muchas instituciones financieras rodando hacia quiebras. Cuando Bush y después Obama intervinieron para rescatar sin condiciones a los bancos, incluyendo la falta de un requerimiento para dar préstamos a individuos necesitados y a pequeños negocios, los norteamericanos fueron abandonados a defenderse solos. De pronto, gente de clase media y clase obrera que ya estaban viviendo al borde, se enfrentaron con la posibilidad de vivir en la calle.
Los que ocupan Wall Street comprendieron y capturaron esta realidad. Y entienden que Washington ha sido capturado y ocupado por financistas especuladores y otros intereses corporativos. Son como el niño del cuento que gritó que el emperador no tenía ropas y de pronto todos los que estaban mirando el desfile y tenían miedo de decir lo obvio por temor a ser considerados estúpidos o aun pagar un precio mayor, se unieron al niño. Una vez que el movimiento OWS declaró que el sistema político estaba quebrado, fue como si un fósforo encendido hubiera producido un incendio que se extendió por todo el país con una velocidad asombrosa.
Este fenómeno todavía no se entiende en el mundo político de Washington. Su moneda corriente es la política y no pueden comprender por qué los ocupantes no ofrecen propuestas y no hacen demandas. Pero al pasar tiempo con amigos y colegas en ese mundo — formuladores de políticas, promotores de incidencia política, representantes de la prensa — se vio claro que algo distinto estaba en juego. Entre ellos hay un reconocimiento inquietante de la verdad en el mensaje principal de los ocupantes: que el sistema está quebrado, que trabajar dentro de él es virtualmente inútil y quienes continúan dentro de él son cada día mas irrelevantes.
Hay varios antecedentes y precedentes de OWS: demostraciones y ocupaciones masivas que voltearon los gobiernos en el Norte de África Árabe; protestas en Grecia, España y en otras partes del sur de Europa en contra de los bancos y de la imposición de políticas neoliberales; la ocupación de la legislatura estatal en Wisconsin por ciudadanos que protestaban las políticas públicas regresivas; demostraciones masivas y tomas de fábricas en medio de la crisis económica de Argentina de hace una década; y el movimiento anti globalización neoliberal que fue lanzado en el mundo entero contra el FMI y el Banco Mundial hacia el final de la década del 80 y seguidamente contra los acuerdos de “libre comercio”.
Nuestra organización había estado en la vanguardia de ese movimiento en el Norte en apoyo de las actuales protestas y campañas en el Sur contra la imposición del neoliberalismo. Una de las características principales del movimiento es su estructura democrática, participativa y horizontal. A veinte años de su comienzo, nadie podrá decir quienes han sido sus líderes. Aún en su núcleo intelectual (principalmente en el Sur), la intención ha sido educar, no controlar.
Indudablemente, el movimiento contra la globalización corporativa ha tenido fuertes influencias sobre los nuevos movimientos sociales actuales. Pero el movimiento de Ocupación de Wall Street ha ido más allá de lo que nuestra generación emprendió para organizar un cambio social. Aprendiendo de los movimientos homólogos en todo el mundo, OWS ha forjado nuevos modos de interacción social, participativa, no vertical y ha utilizado cada esfuerzo de represión por los gobiernos y la policía para innovar y expandir el alcance e inclusión del movimiento.
El mejor ejemplo de esta innovación es el “micrófono humano”, empleado primeramente en Nueva York cuando la ciudad prohibió el uso de amplificación mecánica del sonido en el parque. OWS respondió mediante la repetición de las palabras de los oradores en una ola humana que llega hasta las últimas filas de las asambleas generales diarias. Esto sirvió no solo para elevar la participación, sino que se convirtió en la marca del movimiento que fue imitada y utilizada en el resto del país y empleada para dar voz al movimiento que desde entonces invadió y saboteó eventos del “establishment”.
Cuando la violencia policial hirió gravemente a un veterano de la guerra en Iraq que estaba en la Ocupación de Oakland, veteranos en todo el país respondieron uniéndose a los grupos locales de Ocupación y se convocó una huelga general en Oakland y el puerto fue clausurado para demostrar la fuerza del movimiento. Cuando la policía usó violencia contra estudiantes que ocupaban dos sedes de la Universidad de California, movimientos de Ocupación se lanzaron en aún más universidades. Cuando el alcalde de Nueva York trató, en su primer intento, de remover a los ocupantes del Parque Zuccotti, cientos de miembros de sindicatos llegaron para forzar el retiro de la policía, lo que ayudó a formar una relación entre ocupantes y sindicatos.
Cuando la policía en Oakland, en New York y en otras ciudades finalmente emplearon tácticas extra legales y coordinadas (con la participación del gobierno federal) para sacar a los ocupantes de sus carpas, cocinas, centros de salud, bibliotecas, etc., los ocupantes, libres de la perspectiva de dormir al aire libre durante el inminente invierno, se reunieron en otros sitios y estratégicamente se mudaron a comunidades que necesitaban su apoyo. Ocuparon casas que bancos intentaban ejecutar, ocuparon edificios de departamentos cuyos dueños no proveían calefacción, se unieron a estudiantes abrumados de deudas, y apoyaron una gama de acciones de los sindicatos. Gente que previamente no sabía dónde recurrir y las organizaciones de la comunidad que luchaban para ayudarlos, se acercaron y recibieron el apoyo de los movimientos de Ocupación.
Hemos vuelto a Nueva York y a la Plaza Zuccotti durante la brutal y rara tormenta de hielo a finales de octubre, dos semanas antes de la forzada evacuación por la policía, y fuimos testigos del compromiso estoico de los ocupantes de sobrevivir el inminente invierno. Irónicamente, puede ser que las autoridades les hayan hecho un favor a los ocupantes, aunque no tengo ninguna duda que OWS hubiera encontrado alguna manera de sobrevivir las condiciones del invierno. Tampoco me quedan dudas que encontrarán lugares y formas de continuar y expandir sus protestas.
Actualmente, el desafío más grande es un ataque policial coordinado nacionalmente a las protestas pacíficas del movimiento de Ocupación. Por el rechazo a la reacción con violencia, los ocupantes han ganado todas las batallas y los corazones y mentes de millones de otros norteamericanos. Avergonzando a la policía con sus cánticos cuando son atacados e invitándolos a unirse al movimiento en apoyo de millones de empleados del gobierno local que están perdiendo su trabajo y sus beneficios, puede ser que los protestadores finalmente inclinen aun más el balance de poder.
Como connota su brillante grito de llamado, “Somos el 99%”, el uno por ciento de los más ricos de la población está acumulando cantidades masivas de riquezas en detrimento del resto. Al ritmo actual, pronto la mitad de la riqueza del país estará en sus manos. Nuevos estudios muestran que ahora el 45 por ciento de norteamericanos son pobres o están al borde de la pobreza. Entre los niños la proporción es 55 por ciento.
Éste es un movimiento que probablemente evolucione en muchas formas nuevas, pero no pasará. Demasiada gente en Estados Unidos está alarmada por su futuro y enojada por ser dejados sin una voz. Su causa común es quitar la ponderosa garra que las grandes fortunas tienen sobre la política y reclamar el espacio de la gente común con su diversidad de necesidades, intereses y creencias. Por lo que no es una demanda de políticas específicas lo que aglutina el movimiento, sino cómo esas políticas se formulan y por quién. La manera democrática y participativa del movimiento en sí mismo son intrínsecas a su propósito, la transformación de la forma en que se toman decisiones en política. El estilo es por lo tanto tan importante como la substancia. Como nosotros en el movimiento en contra de la globalización neoliberal hemos priorizado, debe haber representación local en la mesa donde las políticas se hacen de modo que el conocimiento directo informe el proceso y los intereses locales se hacen conocer. Es una agenda simple pero transformante, una que no se conseguirá ni siquiera en parte, sin años de lucha.
Paralelamente a este movimiento, la campaña para las elecciones presidenciales y legislativas de noviembre de 2012 se está llevando adelante de manera casi surrealista; su discurso es irrelevante para las preocupaciones de la mayoría de los norteamericanos. No está muy claro si los grupos de Ocupación participarán directamente de la campaña, por ejemplo con el apoyo a algunos referéndums o al ocasional candidato progresista. Pero no cabe duda que la campaña, el control aun más apretado de Washington por Wall Street, el deterioro de la economía, la creciente desigualdad y el sufrimiento de la población, y el esfuerzo continuo de reprimir al movimiento Ocupación harán estallar acciones sociales y protestas que harán del 2012 un año extraordinario.
Diciembre de 2011
Steve Hellinger es presidente del ONG, The Development Group for Alternative Policies (The Development GAP), en Washington, DC.







